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CUANDO LA ESPERANZA SE APAGA
No se puede tener muchas expectativas de que la situación va a cambiar. Cada vez cuesta más encontrar un trabajo donde se reciba un sueldo justo. En realidad cada vez cuesta más encontrar un trabajo. La violencia en las calles y los abusos de los poderosos es atemorizante y desalentador. Si no tienes dinero, nadie defenderá tu causa. Si te atreves a alzar la voz sufrirás las consecuencias. Y por si fuera poco, la economía nacional la maneja un grupo de poder extranjero, el cual no escatima el sufrimiento de los pobres.
¿Se puede esperar un cambio? ¿pueden venir tiempos mejores? ¿otro cambio de gobierno lo hará mejor? No lo creo, todos prometen lo mismo, pero al final todos quieren los mismo, poder y riqueza... nada bueno puede esperarse ya...
Seguramente que una inmensa mayoría pensaba de esta manera en Palestina hace más de 2000 años atrás. El pueblo había tenido muchas decepciones. Muchas veces habían creído que por fin serían liberado de la opresión romana, pero todos los intentos fracasaban vez tras vez. Si bien había un pequeño grupito de ellos que se había beneficiado de toda esta situación, sin embargo, la gran mayoría sufría las penurias de la prepotencia militar y de la pobreza en la que quedaban tras el cobro de impuestos excesivos e injustos. Ellos anhelaba un cambio, cambio que habían esperado hacía tantos siglos pero nunca había llegado y que parecía que nunca iba a llegar...
Es en medio de esta “oscuridad” donde tiene lugar la primera navidad. Dios no se había olvidado de su promesa (Gálatas 4.4), Él aún quería bendecir a los habitantes no sólo de Palestina sino de toda la tierra. Y Dios los iba a bendecir a pesar de todo el sufrimiento, las dificultades, los abusos y los atropellos. Porque si Dios quiere bendecir, nada ni nadie puede evitarlo.
De igual manera hoy quiere bendecir a este mundo y en especial tu vida. Quizás pienses que para que esto suceda deben cambiar muchos factores en tu entorno como tu situación financiera, tu salud, tu soledad, la economía del país, etc. Pero no te equivoques, porque a pesar de estas circunstancias y de lo oscuro que puedan parecer las cosas, Dios quiere bendecirte y brillar en tu vida.
Cuando los pastores de Belén recibieron la noticia anunciada por los ángeles, de que Dios no se había olvidado de ellos y que iba a bendecirles, estaban sorprendidos y algo incrédulos. ¿Cómo sería posible esto si el mundo seguía siendo el mismo? A pesar de estas dudas obedecieron la voz angelical y fueron a Belén a ver qué era lo que había sucedido. Al llegar al lugar, algo pasó, algo hizo que se llenaran de gozo y volvieran con alegría a sus casas. Un bebé envuelto en pañales, les había devuelto la esperanza. Y no se equivocaron porque desde aquel entonces el mundo nunca más volvió a ser el mismo, desde aquel momento el ser humano ha vuelto a tener verdadera esperanza. Dios se acercó a nosotros para bendecirnos!
Desde entonces los hombres se siguen acercando y comprobando esta bendición de Dios para todo aquel que quiera recibirle (Juan 1.12). Navidad es un acontecimiento divino, no humano, nada tiene que ver con luces, árboles ni con comprar regalos. Navidad es un recuerdo que Dios tiene un regalo para nosotros. Un regalo que nadie más puede ofrecernos. Un regalo que nos trae perdón y libertad; nos trae plenitud y significado para vivir, sin importar las circunstancias externas que puedan afectarnos. Este regalo es Su Hijo, Jesucristo.
Quizás pienses: ¿Cómo puede ser esto? ¿Cómo puede Dios pensar en mi? ¿de verdad me quiere bendecir? ¿de verdad ha dado Su hijo para mí?
Mi mensaje para ti es el mismo que el de los ángeles hace 2000 años atrás: “id allá y ved. Y lo encontraréis...” Si quieres disfrutar de lo que Dios tiene para tí debes primeramente ir donde Él y traerle todo tu ser, tus decepciones, tu cansancio, tu soledad y todas tus cargas y pedirle que venga a tu vida y te bendiga, te perdone y te libere, en sí, pidele que te de a Su Hijo. Verás que no regresarás tal como llegaste ante Dios. experimentarás la alegría y el gozo que sintieron los pastores de Belén.
¿Has recibido ya este regalo que Dios te ofrece?
“Los pastores regresaron glorificando y alabando a Dios por lo que habían visto y oído, pues todo sucedió tal como se les había dicho.” Lucasc 2:20
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