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EL TEMOR
Constantemente nos vemos enfrentados a algún temor. T emor a la muerte, temor por los hijos, temor a la enfermedad, temor a no ser aceptados, temor a no tener lo suficiente, temor a perder el trabajo, a no encontrar trabajo, a quedarme soltero, a no tener hijos, a la delincuendia, etc...
En Mateo 8 encontramos a los discípulos en medio de una tormenta, con la barca a punto de hundirse, y Jesús estaba también allí, pero dormía. Cuando los discípulos le despiertan, Jesús les responde con una frase que nos puede inquietar: “¿por qué teméis hombres de poca fe?”. ¿Estaba Jesús hablando en serio? ¿cómo es que no quería que temieran en medio de esa tremenda tempestad?
Debido a la tormenta, los discípulos se habían olvidado que aquél que había hecho tantos milagros los días anteriores (incluso una resurrección) estaba allí con ellos, aquel que lo conocía todo, que dominaba la naturaleza, que conoce hasta la caída de nuestro cabello.
Y es precisamente lo que produce el temor en nuestras vidas: a) quita nuestra confianza en Dios; b) nos hace olvidar todo lo que Dios ha hecho en el pasado por nosotros; y por último c) nos paraliza.
Cuando vivimos llenos de temor nunca lograremos grandes cosas o sueños para Dios o para los demás, pues, debido al temor nunca correremos riesgos, buscaremos una vida segura. Una persona con temor no puede amar profundamente, ni tampoco perdonar, ya que el amor es riesgoso y al perdonar corre el riesgo que le vuelvan a herir de la misma manera.
Es quizás por esto que Jesús repite vez tras vez en los evangelio este mandamiento: “No temas”. Él sabe que vendrán tormentas a nuestras vidas, Él mismo dijo a sus discípulos que en el mundo iban a sufrir(Juan 16.33). Pero Jesús no quiere que vivamos en un estado de temor. Él no quiere que el temor nos quite el gozo o que nos paralice.
“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Tim oteo 1.7).
El temor siempre estará a la puerta de nuestras vidas. No le dejemos entrar.
“Alimenta tus temores y tu fe se va a morir de hambre; alimenta tu fe y los que se van a morir de hambre serán tus temores” (Max Lucado).
Lleva a Dios cada uno de tus temores y descansa en Él. Llena tu corazón de valor con las palabras de Cristo. No pongas tu mirada en la tormenta sino en quien está contigo en medio de ella. Permite que Dios sea suficiente en tu vida. Experimenta la libertad de vivir cuando se vive confiando en Dios, cuando se sabe que nada ni nadie nos puede separa de su amor, que Él tiene cuidado de nosotros y por último que no estamos solos cuando vienen las tormentas de la vida.
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